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Cultura / La biblioteca
de Babel
Gustavo Pérez Firmat: 'Maldición
eterna a quien me lea'
por C. E. D., Miami
Destacado poeta, novelista y profesor universitario, Gustavo
Pérez Firmat es conocido, sobre todo, por su obra ensayística.
Libros como Literature and Liminality, The Cuban Condition,
Vidas en vilo y Cincuenta lecciones de exilio y desexilio le
han ganado un sólido prestigio en el mundo académico
de Estados Unidos, en donde sus provocadores juicios suelen levantar
polémicas. Con Pérez Firmat se inicia esta nueva
sección, en la que, siempre con el permiso de los entrevistados,
emprenderemos un recorrido por ese acto de fe que, para Víctor
Hugo, es toda biblioteca.
¿Cuántos libros tiene tu biblioteca?
Mary Anne, que tiene mejor ojo que yo, dice que más de
2500. Pero están regados por la casa y no todos son míos;
la mitad son de ella y algunos los tengo prestados de diversas
bibliotecas. Y claro, el que tenga 2500 libros en casa no quiere
decir que los haya leído. Me gusta comprar libros que
nunca tendré la oportunidad, ni siquiera las ganas, de
leer. Siempre he creído que la compañía
de un libro puede ser tan beneficiosa como su lectura. Hace meses
tengo en mi mesita de noche Rembrandt's Eyes, de Simon
Shama; Caracol Beach, de Eliseo Alberto; The Work of
Mourning, de Derrida; El exilio indomable, de Álvaro
Vargas Llosa; y una novela de Javier Marías cuyo título
no recuerdo. Cuando me canse de verlos a mi lado, de que me susurren
al oído mientras duermo, les buscaré espacio en
algún estante y otros libros igualmente destinados a la
no-lectura ocuparán su lugar.
¿Cómo los tienes organizados? ¿Por autor,
por tema, por área lingüística o indiscriminadamente?
Por idioma. Los escritos en castellano están en mi estudio,
santuario hispanófilo; los demás en la sala, los
dormitorios, la cocina, etcétera. Aunque a veces me da
por mudarlos para que no se aburran, y cambiarle el disco a la
música de las esferas.
¿Tienes un sitio específico para los libros
escritos por ti, lo que pudiera llamarse tu egoteca?
Todo el que entra a mi casa inmediatamente ve dos cosas:
un afiche de la Fundación (leyenda: "Somos un solo pueblo")
y un librero con mis libros (ejemplares múltiples, para
llenar los dos anaqueles). Buenos, malos o regulares, los escribí yo
y me siento orgulloso de haberlo hecho.
¿Sigues un criterio racional a la hora de comprar
libros o te dejas llevar por el impulso?
Sigo diversos criterios. El utilitario (me hace falta para
algo que escribo o enseño). El estético (me gustó la
portada o la foto del autor). El educativo (me interesa el
tema). El caritativo (para regalar). Y hasta el moral (para
mi superegoteca).
¿Qué haces para controlar la superpoblación,
la cantidad excesiva de volúmenes?
Es como con la familia, siempre hay un rinconcito donde
alojarlos.
¿Cuál es el ejemplar más valioso de
tu biblioteca?
En términos monetarios, ninguno. ¿Cuáles
quiero más? La ciudad y las sierras, de Eça
de Queiros, Edición Austral, uno de los primeros libros
que leí por placer y por gusto. Oasis, de Buesa,
Edición Cursi, circa 1972, con portada azul celeste
y dibujos de ramilletes de flores, Cupido de mi primer amor. La
vida sencilla, de Wagner, uno de esos libros que no he
leído
pero era de mi abuelo Firmat. The Complete Poems, de
E. E. Cummings, afrodisíaco de mi amor definitivo
.
¿Hay libros de los cuales tienes más de una
edición?
Los míos.
¿Cuál es el libro que más veces has
releído?
Hay
libros
que he
releído docenas de veces para mis clases,
pero no sé si eso cuenta. Releídos sin obligación,
tal vez Emma, de Jane Austen, o The Great Gatsby, de
Fitzgerald. También está la categoría de
libros que más veces no he leído o releído;
o sea, aquéllos que he estado a punto de leer en muchas
ocasiones sin llegar a hacerlo: El ingenio, de Moreno
Fraginals, y La guerra y la paz, de Tolstoi.
¿Acostumbras prestar libros a tus amigos?
No, porque no me los piden.
¿Devuelves los libros que te prestan?
Sí, porque vienen de bibliotecas públicas
y si no los devuelvo me hacen pagar por ellos.
¿Tienes un lugar determinado para leer?
En mi estudio hay un butacón donde leo, escribo y pienso
en las musarañas. Pero las lecturas más placenteras
las hago en la cama. Mary Anne y yo tenemos la costumbre de leer
en voz alta por las noches. Es nuestra versión de lo que
en inglés se llama foreplay y que en español,
o por lo menos en Miami, no tiene nombre y tal vez no existe.
Como ella no sabe español, siempre leemos en inglés;
nuestras lecturas favoritas son novelas inglesas del siglo XIX
(las Bronte, George Eliot, Meredith, Thackeray, Henry James).
De vez en cuando nos aventuramos a cruzar el Atlántico
y desembarcamos en Edith Wharton o Fitzgerald. Una vez llegamos
hasta Hemingway, pero la lectura de Across the River and Into
the Trees casi termina en divorcio. Ahora estamos leyendo Persuasion, de
Jane Austen.
¿Sueles subrayar y anotar los libros que lees?
Tengo esa mala costumbre.
Incluso con libros que no son
míos.
Hay centenares de libros dispersos en las bibliotecas universitarias
de Estados Unidos desfigurados por mis anotaciones. Pero siempre
las escribo a lápiz para que algún lector futuro,
si quiere, las pueda borrar. También me gusta anotar las
anotaciones de lectores previos del mismo libro. "¡Esto
es brillante!", pone alguien al margen de un párrafo de
Fulano Famoso o Mengana de Moda; "B. S." ["Mierda"] acoto yo
parcamente.
¿Eres monógamo para leer o sueles leer más
de un libro a la vez?
Diría que soy más bien promiscuo, pero sin llegar
a la consumación del acto. Como casi siempre leo o para
preparar mis clases o por algo que estoy escribiendo, este tipo
de lectura no me exige "dispararme" el libro o el ensayo de principio
a fin. De modo que a veces en una tarde leo varios libros sin
haber leído ninguno. La verdad es que he leído
muy poco. Parece un alarde, pero no lo es. Quisiera leer más,
que me gustara más la lectura. Pero me gusta más
escribir que leer. Y también me gusta más ver televisión
que leer. Mi salvación son unas antenas internas que
me llevan a encontrar las cosas que me nutren o me inspiran
o me hacen falta sin tener la necesidad de leer libros enteros.
Por último, si alguien te pidiera ayuda para iniciarse
en la lectura, ¿qué diez títulos le recomendarías
leer?
Permíteme que cambie la pregunta y te haga una lista
negativa de lectura, o sea, libros que nunca nadie jamás
por ninguna razón y por ningún motivo debe leer: Ulysses (un
bodrio, digan lo que digan); cualquier libro de Foucault o
de John Grisham (más o menos lo mismo); todo Carpentier (no
sabe escribir); los cuentos de Cortázar (escribe bien
pero fue un cabrón); auto-traducciones al inglés
de Cabrera Infante (chistes devenus pujos); todos los
ensayos de Joan Didion (producen migrañas); ninguna novela
española del siglo XIX (quitan el apetito); la prosa de
Martí (suena linda pero hace daño). Tampoco recomiendo
la lectura de ningún libro que contenga más de
dos de las siguientes palabras (en cualquier idioma): globalización,
postcolonialismo, hegemónico, Deleuze (o Guattari), Rigoberta
(o Menchú), proyecto, posicionalidad, periférico,
subalterno, trans-nacionalismo, modernidad y postmodernidad.
Por último, maldición eterna a quien lea tan siquiera
una página (menos ésta) de un tal Gustavo Pérez
Firmat.
URL: http://arch.cubaencuentro.com/cultura/bibliodebabel/2002/09/23/9963.html
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